jueves, 22 de octubre de 2015

Salmos 22



1Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos, y no vienes a salvarme?
¿Por qué no atiendes mi clamor?
2Dios mío, te llamo de día, y no me respondes;
te llamo de noche, y no hallo reposo.
3Tú eres santo, tú eres rey;
tú eres alabado por Israel.

4Nuestros padres confiaron en ti;
en ti confiaron, y tú los libraste.
5A ti clamaron, y fueron librados;
en ti confiaron, y no quedaron en vergüenza.
6Pero yo soy más gusano que hombre;
¡un ser despreciable del que todos se burlan!
7Los que me ven, se burlan de mí;
me hacen muecas, sacuden la cabeza, y dicen:
8«Éste puso su confianza en el Señor,
¡pues que el Señor lo salve!
¡Que venga el Señor a librarlo,
ya que en él se complacía!»

9Pero eres tú quien me dio la vida,
eres tú quien me infundió confianza
desde que era un niño de pecho.
10Antes de nacer fui puesto a tu cuidado;
aún estaba yo en el vientre de mi madre,
y tú eras ya mi Dios.

11No te apartes de mí, que me cerca la angustia
y nadie viene en mi ayuda.
12Mucha gente poderosa me rodea;
son fuertes como toros de Basán.
13Como leones feroces y rugientes,
abren sus fauces, dispuestos a atacarme.
14Me voy diluyendo, como el agua;
tengo todos los huesos dislocados.
El corazón, dentro del pecho,
se me derrite como la cera.
15Tengo seca, muy seca, la garganta;
la lengua se me pega al paladar;
¡me has lanzado al polvo de la muerte!
16Me ha cercado una banda de malvados;
¡me tienen rodeado, como perros!
¡Han taladrado mis manos y mis pies!
17Puedo contarme todos los huesos,
mientras ellos se regodean al verme.
18Echan a la suerte mis vestidos
y se los reparten por sorteo.

19Pero tú, Señor, ¡no te alejes!
Tú eres mi fuerza, ¡ven pronto en mi ayuda!
20¡Rescata de la espada y de esos perros
la única vida que tengo!
21¡Sálvame de las fauces de esos leones!
¡Líbrame de los cuernos de esos búfalos!
22Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
te alabaré en medio de la comunidad.

23Ustedes, los que temen al Señor, ¡alábenlo!
Descendientes de Jacob, ¡denle gloria!
Hijos todos de Israel, ¡adórenlo!
24El Señor no rechaza al afligido,
no desprecia a los que sufren,
ni esconde de ellos su rostro;
cuando a él claman, les responde.

25Yo lo alabaré en medio de la comunidad,
y ante los que le temen cumpliré mis promesas.
26Los pobres comerán, y quedarán satisfechos;
los que buscan al Señor lo alabarán,
y tendrán una larga vida.
27Todos los rincones de la tierra
invocarán al Señor, y a él se volverán;
¡ante él se inclinarán todas las naciones!
28El reinado es del Señor,
y él gobierna a todas las naciones.
29Todos los poderosos de la tierra lo adorarán;
todos los mortales le rendirán pleitesía,
todos los que no tienen vida propia.
30Las generaciones futuras le servirán,
y hablarán del Señor a la generación venidera.
31Se dirá a los que aún no han nacido
que el Señor es justo en todo lo que hace.

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