jueves, 12 de febrero de 2015

un evangélico en el Vaticano. .




Recientemente, el cantante evangélico Alex Campos aceptó una invitación para participar en un concierto denominado “Siendo uno en Jesús” en el Vaticano, participando junto a otros artistas, incluyendo católicos, y contando entre la audiencia al Papa mismo. Esto ha causado gran controversia en la comunidad evangélica, que se debate en si es correcto o no para un ministro evangélico participar de una actividad de esta índole, en el centro mismo del catolicismo. Por supuesto, todo el mundo tiene una opinión. Pero a nosotros, como creyentes, lo que más nos interesa es conocer la voluntad de Dios, revelada en Su Escritura.
De la Reforma hasta hoy

La Iglesia Protestante nace de una fractura creada por Martín Lutero, quien encontró que la predicación de la Iglesia Católica era contraria a la Palabra de Dios en diversos asuntos importantes. Básicamente, la diferencia fundamental en el tema de la salvación es que los protestantes creemos que somos salvos por la imputación de la justicia de Cristo (2 Co. 5:21, Fil. 3:9). La obediencia de Cristo es otorgada al creyente al estar unido a Jesús por medio de la fe en la obra completa de Cristo para salvarnos (Ro. 5:1-2,19). La Iglesia Católica, por su parte, enseña que somos salvos por una infusión de gracia, la cual nos permite crecer en justicia (obras justas) hasta el momento en que somos declarados justos o rectos por estas obras que hemos hecho. En este importante tema solo una de las dos posiciones puede estar correcta, no hay punto medio.

¿Cuál fue la respuesta de la Iglesia Católica a la Reforma Protestante? En el Concilio de Trento se declara:
CANON IX. “Si alguno dijere, que el pecador se justifica con solo la fe, entendiendo que no se requiere otra cosa alguna que coopere a conseguir la gracia de la justificación; y que de ningún modo es necesario que se prepare y disponga con el movimiento de su voluntad; sea anatema”.
CANON XXIV. “Si alguno dijere, que la justicia recibida no se conserva, ni tampoco se aumenta en la presencia de Dios, por las buenas obras; sino que estas son únicamente frutos y señales de la justificación que se alcanzó, pero no causa de que se aumente; sea anatema”.
CANON XXX. “Si alguno dijere, que recibida la gracia de la justificación, de tal modo se le perdona a todo pecador arrepentido la culpa, y se le borra el reato de la pena eterna, que no le queda reato de pena alguna temporal que pagar, o en este siglo, o en el futuro en el purgatorio, antes que se le pueda franquear la entrada en el reino de los cielos; sea anatema”.
CANON XXXIII. “Si alguno dijere, que la doctrina Católica sobre la justificación expresada en el presente decreto por el santo Concilio, deroga en alguna parte a la gloria de Dios, o a los méritos de Jesucristo nuestro Señor; y no más bien que se ilustra con ella la verdad de nuestra fe, y finalmente la gloria de Dios, y de Jesucristo; sea anatema”.

El documento católico termina diciendo: “Este concilio declara que todo aquel que esté en desacuerdo con él, es maldito”.

La realidad es que si creemos la doctrina de justificación de los protestantes, ante la Iglesia Católica somos anatemas, condenados. El Concilio Vaticano Segundo trató de suavizar este lenguaje, pero la doctrina de infalibilidad papal hace inadmisible el retractarse.
¿Qué haría Jesús?

La pregunta que le llevó a aceptar esta invitación, dice este cantautor, fue la conocida “¿Qué haría Jesús?”. Esta es una idea que aparenta cierta nobleza, y no dudamos que sea una inquietud genuina. Pero entiendo que hay una pregunta más adecuada para nosotros, que requiere menos especulación. Esta es: ¿cómo me llama la palabra de Dios a obedecerle en este instante?

Las diferencias doctrinales entre católicos y protestantes son tan grandes en cuanto a la esencia misma del evangelio y de la salvación que, si los protestantes estamos en lo correcto, la Iglesia Católica queda como portavoz de un falso evangelio. Y la Biblia dice claramente que no nos asociemos con practicantes de tales creencias:

“Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos”, Romanos 16:17.

“Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; que en realidadno es otro evangelio, sólo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema”, Gálatas 1:6-8.
Un ejemplo en el Nuevo Testamento

Considero que cualquiera que esté en una situación similar debe meditar en la Carta a los Gálatas antes de tomar una decisión. Allí vemos que Pablo reprende fuertemente a Pedro por actuar contrario al evangelio y, con sus obras, predicar un falso evangelio (Gal. 2:11-21). Al Pedro negar el unirse a la mesa con creyentes gentiles, estaba diciendo que para ser salvo había que ser judío, por ende poniendo condiciones a la salvación que es otorgada solo por fe. Por lo sucedido, Pablo reprochó duramente a Pedro y a la iglesia de Galacia, inclusive poniendo en juego su comunión con ellos.

El apóstol Pablo sabía que la verdadera unidad nace de unidad doctrinal en todos los aspectos vitales que definen el evangelio. El compartir ecuménicamente con católicos ignora la aberración que es el evangelio predicado por los mismos.
Unidad en torno a la verdad, no a expensas

Muchos dicen que lo importante es que amemos a Jesús. Pero la verdad bíblica es que solamente podemos amar verdaderamente a Jesús por medio del verdadero evangelio. No hay otra forma de llegar al Padre que no sea por la obra redentora de Cristo (Jn. 14:6). Y si realmente amamos a Jesús, guardaremos sus mandamientos (Jn.14:15). La Iglesia Católica atenta contra Jesús al promover un falso evangelio. Muchas veces queremos unidad, pero no podemos tener unidad a expensas de la verdad.

Por eso es imposible obtener ecumenismo con los católicos. Sin duda hay muchas doctrinas importantes que tenemos en común, como la Trinidad. Pero en la doctrina de vital importancia para nuestra salvación, en la definición del evangelio, somos radicalmente diferentes. Al final de los días, delante de Dios unos seremos condenados y otros entraremos al reino, porque la Biblia dice que no hay dos opciones. Cuando miro a la Escritura, la única fuente de autoridad absoluta, para mí es claro que la salvación es solo por fe, solo por gracia, solo a través de Cristo y solo para la gloria de Dios. O somos salvos por fe solamente, o somos condenados.

No estoy diciendo que no debemos tener amigos católicos o compartir con nuestros familiares católicos. Tampoco puedo negar que el Señor tenga creyentes verdaderos dentro de las filas del catolicismo: Él es soberano, y su Palabra puede llegar a través de diversos medios (como en la lectura de la Palabra individual en sus casas, el internet o aun algún familiar creyente que le haya presentado el evangelio y este católico haya creído, pero todavía no ha madurado en su fe por un tiempo). Pero el que un ministro evangélico cante en el Vaticano sobre la unidad en Jesús entre protestantes y católicos es una afirmación a la teología de muerte que predica esta iglesia.

Sin duda los creyentes debemos compartir y hasta participar de actividades con no creyentes. Pero el propósito de tales actividades debe ser amarlos. Y este amor se va a manifestar, principalmente, en poder presentarles el evangelio. No debemos tener un tipo de comunión que pudiera dar la idea de que la Iglesia Católica predica un verdadero evangelio, porque esto trae confusión a aquellos que están en tinieblas y creen que están en luz. Y esto no es una muestra de amor ni a aquellos que necesitan salvación ni a Aquel que murió para salvarnos.

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