viernes, 13 de febrero de 2015

¿Qué significa que Cristo llevó "cautiva la cautividad"?


Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres”. (Efesios 4:8, RV60)

A veces es de gran ayuda comparar con otras versiones de la Biblia para ver cómo se traduce un pasaje. Personalmente prefiero la versión de La Biblia de las Américas (LBLA) porque (en mi opinión) la considero mejor traducida que la Reina Valera 1960 (RV60) en cuestión de palabras, ortografía y gramática más definidas; aunque esta última es la más popular para habla hispana. Claro, eso no significa que la RV60 sea una mala traducción de las Escrituras. De hecho, ninguna de las dos versiones bíblicas afectan alguna doctrina fundamental de la fe cristiana. Pero si tuviese que elegir entre las dos versiones, prefiero la LBLA; la cual uso para efectos prácticos en esta entrada. Por lo tanto, Efesios 4:8 traduce mejor qué es “la cautividad”:

“Por tanto, dice: Cuando ascendió a lo alto, llevó cautiva una hueste de cautivos, y dio dones a los hombres” (Subrayado añadido). (Efesios 4:8)

En este versículo el apóstol Pablo hace alusión a otro texto del Antiguo Testamento:

“Tú has ascendido a lo alto, has llevado en cautividad a tus cautivos; has recibido dones entre los hombres, y aun entre los rebeldes, para que el Señor Dios habite entre ellos”. (Salmo 68:18)

El Salmo 68 es un himno de victoria compuesto por David para celebrar la conquista de Dios sobre la ciudad de los jebuseos conocida como Jerusalén y el ascenso triunfante de Dios al monte Sión (Léase 2 Samuel 6, 7; 1 Crónicas 13). Después de un triunfo así, el Rey llevaría de regreso a la patria todos los despojos de guerra así como los prisioneros. Brevemente, veremos cómo se aplica cada frase del texto de Efesios 4:8 con el Salmo 68:18 en la obra redentora de Jesucristo.
(1) CUANDO ASCENDIÓ A LO ALTO

El apóstol Pablo hace una interpretación del Salmo 68 para mostrar cómo Cristo recibió el derecho para conferir los dones espirituales; tal como lo enseña el verso anterior:

“Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. (Efesios 4:7)

Pablo presenta a Cristo mientras regresa de Su batalla en la Tierra, para volver a la gloria de la ciudad celestial con los trofeos de Su gran victoria en el Calvario; y lo aplica a la ascensión triunfante de Cristo a los cielos:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”. (Hechos 2:32-33)

“Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Subrayado añadido). (Hebreos 1:3)

(2) LLEVÓ CAUTIVA LA CAUTIVIDAD

La “cautividad” (palabra traducida en la RV60) se comprende mejor en la LBLA como una “hueste de cautivos”. En el Salmo 68:18 se trata de los enemigos que fueron hechos cautivos por el rey David. Estos enemigos tipifican a los enemigos de Cristo, el hijo de David: El diablo, la muerte, la maldición y el pecado; como si fueran llevados en procesión triunfal y, al mismo tiempo, como señal de la destrucción del enemigo:

“Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él”. (Colosenses 2:15)

“Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, El igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida”. (Hebreos 2:14-15)

A través de Su crucifixión y resurrección, Cristo conquistó a Sus enemigos, y devolvió triunfante a Dios a todos aquellos que habían sido pecadores y prisioneros de Satanás.
(3) DIO DONES A LOS HOMBRES

En el salmo 68:18 dice: “Has recibido dones entre los hombres”; tal como viene del original hebreo. Evoca la imagen del conquistador que reparte, en señal de su triunfo, los despojos del enemigo como regalos entre su pueblo. Un ejemplo de ello lo tenemos en Josué y el campamento de Israel durante la conquista de la Tierra Prometida:

“Y los hijos de Israel tomaron como botín todos los despojos de estas ciudades y el ganado; mas a los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos. No dejaron a ninguno con via”. (Josué 11:14)

De igual modo, Jesús distribuye el botín a lo largo y ancho de Su reino. El reparto de los dones y gracias del Espíritu Santo dependían de la ascensión de Cristo:

“Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado”. (Juan 7:39)

Tras Su ascensión, vinieron todos los dones espirituales investidos de poder por el Espíritu Santo, quien fue enviado por Él:

“Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”. (Hechos 2:33)

Los dones dados por Jesucristo en contexto directo de Efesios 4:8 son los dones ministeriales:

“Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. (Efesios 4:11-12)

En el cumplimiento perfecto de la voluntad de Su Padre, Jesús poseía toda autoridad y soberanía para asignar los dones espirituales, tal como lo confirma en Efesios 4:7-8, a aquellos que Él había llamado para el servicio de la Iglesia. No solo dio dones, sino hombres bien dotados por Él mismo.

En el contexto amplio de las Escrituras, los dones de Efesios 4:8 también pueden abarcar desde el don del Espíritu Santo (Léase Hechos 2:38; 10:45), los dones dados por medio de Él (Léase Hebreos 2:4; compárese conRomanos 2:6-8; 1 Corintios 12:4-11); hasta los dones salvíficos como la gracia, la fe (Léase Romanos 12:3; Gálatas 5:22; Efesios 2:5, 8; Filipenses 1:29), el arrepentimiento (Léase Hechos 5:31; 11:18; 2 Corintios 7:10) y la vida eterna (Léase Romanos 6:23); entre otros muchos.
CONCLUSIÓN

Gracias a Dios que, a través de Jesucristo, nos ha dado toda clase de bendiciones espirituales (Léase Efesios 1:3). Pero principalmente, gracias a Dios nos ha dado el mayor don que un enemigo Suyo puede recibir: La gracia de Su salvación. En Cristo Jesús y Su Evangelio somos verdaderamente libres (Léase Juan 8:36; 14:6). Sobre esto, Guy Appéré escribe:

“Dios, sin embargo, en Su maravillosa misericordia, no nos abandonó al destino que nos merecíamos. Con todo Su corazón y con todo Su poder escogió reconciliarnos consigo mismo, hacernos volver a la armonía con Él; y Él, que nunca había dejado de amarnos y nada tenía que ver con nuestra necedad, consintió en pagar Su espantoso precio: La muerte de Su Hijo en la Cruz”.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

¡Sólo a Dios la Gloria!

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